https://eljardindelassreflexiones.blogspot.com/2020/05/prueba.html EL JARDIN DE LAS REFLEXIONES

jueves, 19 de junio de 2014

LA TOMA DE DESICIONES

La toma de decisiones es un proceso que requiere de la posibilidad de asumir posturas claras y firmes por un lado, además de valentía y capacidad para arriesgarse, por el otro. Pero muchas veces, nos sentimos paralizados, incapaces de decidir, imposibilitados de tomar riesgos y aceptar sus consecuencias.

Y justamente ese es uno de los problemas fundamentales al momento de tomar decisiones: el miedo a asumir riesgos y las posteriores consecuencias que  pudieran traer esas decisiones en el caso en que las hubieran tomado.

Cuando sentimos miedo a tomar una decisión, generalmente nos quedamos a la espera de que las cosas en nuestro entorno cambien, nos hagan sentir bien, nos permitan ver el panorama más claramente, y nos permitan además sentirnos seguros de esa decisión que deseamos tomar.

Y aún cuando es necesario esperar un tiempo prudencial para permitir que las situaciones se desarrollen y podamos apreciarlas con alguna claridad, la fantasía de la persona paralizada en el proceso de toma de decisiones, es que las circunstancias deben presentarse absolutamente claras, sin la necesidad de tomar riesgos, sintiendo completa seguridad del camino que se debe escoger en el proceso.

Este justamente es el drama que produce el miedo: no hay capacidad para tomar riesgos, no poseemos la madurez necesaria para tomar una decisión sin tener todos los elementos de juicio en la mesa de análisis, y probablemente no los tendremos nunca. El miedo es útil cuando nos invita a ser prudentes y a evaluar los riesgos que estamos tomando sin irnos de bruces, pero comienza a ser inútil cuando nos paraliza, y no nos permite tener la adultez necesaria para asumir las consecuencias de nuestras decisiones.

Es importante comprender que toda decisión tiene un precio a pagar, en toda postura asumida debemos enfrentar consecuencias. Nunca podremos tener una garantía absoluta de nuestras decisiones, pero sí podemos aprender a asumir las consecuencias de ellas, y corregir aquellas situaciones no tan agradables que, naturalmente, se van presentando a partir de las posturas tomadas.

La incapacidad de asumir la responsabilidad por las consecuencias de nuestras acciones, es una conducta tremendamente adolescente, y necesitamos conectarnos con nuestro adulto, cuya madurez y valentía nos permitirán tomar posturas claras y firmes, e ir sorteando los hechos que se irán presentando a partir de nuestras decisiones razonadas, sentidas y asumidas con pie de plomo.

Desde las decisiones que he asumido con adultez en mi vida, y desde aquellos momentos que aún aparecen en mi vida llenos de dudas e incertidumbre que dificultan mi proceso de toma de posturas firmes, mi alma saluda a tu alma.
 
 

EL ESPEJO

Hoy todo es verdad para ti
Tu, absurda fantasía
Tu, reflejo oculto en pétalos de cristal
Tu, sonrisa de espinas,
hielo de incipiente verano
Tu, lienzo falaz.

Hoy todo es verdad para ti
En el tiempo que te erige
En la oscuridad que te ilumina
En el agrietado oleo
En la soledad que te grita

Hoy te hallas
Hoy te confrontas
Pájaro de alas marchitas,
Flor de vuelo rasante
Eres tu
Mirada partida
Eres tu
Lienzo indivisible
Eres tu
Rastros de lejanía
Eres tu
Contra ti mismo
Eres tu

y nadie más.
 

TU PROPIO JUICIO

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un anciano que se encuentra descansando:

-¿Que clase de personas viven aquí?

El anciano le pregunta:

- ¿Que clase de gente había en el lugar de donde tu vienes?

-”Un montón de gente egoísta y mal intencionada”replicó el joven.-Estoy encantado de haberme ido de allí.

A lo cual el anciano comento:

-Lo mismo habrá de encontrar aquí.

Ese mismo día otro joven se acerco a beber agua al oasis y viendo al anciano preguntó:.

-¿Que clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

-”¿Que clase de personas viven en el lugar de donde tu vienes?

-”Un magnifico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado..

- “Lo mismo encontrarás aquí”, respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

-¿Como es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:


- Cada uno de nosotros solo puede ver lo que lleva en su corazón. Aquel que no encuentra nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí ni en ninguna otra parte.  Si te sientes dolorido por alguna causa externa; no es eso lo que te perturba. Si no tu propio juicio sobre ella.

EL PERDON

Qué fácil es hablar del perdón, pero que difícil es darlo.

Algunos han dicho que es un don el saber que estamos equivocados y que podemos ser perdonados; pero ¿qué pasa con los que se equivocan y nos hacen daño?

Algunas veces deseamos castigar a dicha persona, pero quienes salen más castigados somos nosotros mismos y para liberarnos es necesario renunciar a esos sentimientos dolorosos que no son nuestros, sino que son de quien nos hizo daño, y hay que dejarlos ir.

Cuándo sucede esto, me pregunto, ¿qué hubiera yo hecho en lugar de la otra persona que me hizo daño, si yo hubiera estado en la misma situación y circunstancias?

Casi siempre concluyo que en ese momento, lo que hizo esa persona fue su mejor opción para él, aunque no para mí, y lo que la otra persona hizo fue sólo protegerse, no fue su intención hacerme daño. ¿Acaso no hice sentir yo alguna vez a otra persona de la misma manera?

¿Estaré pensando que mis sentimientos valen más que los de la otra persona? Y de ahí viene la siguiente reflexión:

Me siento herido, pero eso no significa que la otra persona sea mala o en verdad quiera hacerme daño. Simplemente la otra persona no conoce toda mi vida ni mi pasado, igual que yo no conozco el suyo, y no sabe lo que traigo guardado en mi historia personal.

El perdón no se pide, se da… Y la razón más importante para darlo es que me libero de una gran carga.


¿Qué prefieres? ¿Ser feliz o tener la razón?
 
 

UN PADRE NO DESISTE

El joven se rió, pensó que era un absurdo, pero para no contradecir a su padre le prometió que así lo haría, pensando que eso jamás sucedería.

El tiempo pasó, el padre murió, y su hijo se encargó de todo, y así como su padre había previsto, el joven gastó todo, vendió los bienes, perdió sus amigos y hasta la propia dignidad.

Desesperado y afligido, comenzó a reflexionar sobre su vida y vio que había sido un tonto. Se acordó de las palabras de su padre y comenzó a decir:

Ah, padre mío… Si yo hubiese escuchado tus consejos… Pero ahora es demasiado tarde.

Apesadumbrado, el joven levantó la vista y vio el establo. Con pasos lentos, se dirigió hasta allá y entrando, vio la horca y la placa llenas de polvo, y entonces pensó:

Yo nunca seguí las palabras de mi padre, no pude alegrarle cuando estaba vivo, pero al menos esta vez haré su voluntad. Voy a cumplir mi promesa. No me queda nada más…

Entonces, él subió los escalones y se colocó la cuerda en el cuello, y pensó:

Ah, si yo tuviese una nueva oportunidad…

Entonces, se tiró desde lo alto de los escalones y, por un instante, sintió que la cuerda apretaba su garganta… Era el fin.

Sin embargo, el brazo de la horca era hueco y se quebró fácilmente, cayendo el joven al piso.
Sobre él cayeron joyas, esmeraldas, perlas, rubíes, zafiros y brillantes, muchos brillantes…
La horca estaba llena de piedras preciosas. Entre lo que cayó encontró una nota.
En ella estaba escrito:

Esta es tu nueva oportunidad. ¡Te amo mucho!

Con amor, tu viejo padre.

Dios es exactamente así con nosotros.

Cuando nos arrepentimos, podemos ir hasta él.


El siempre nos da una nueva oportunidad.


CERRANDO CIRCULOS

Cerrando círculos
No se si alguna vez les ha pasado, a mi en particular me pasa mucho, me cuesta mucho adaptarme o aceptar cambios, no se si por miedo a lo desconocido, a no saber como reaccionar, que hacer? es por esto que les dejo está reflexión que me parece muy buena y para tomar en cuenta……
Cerrando puertas, cerrando capítulos, como quiera llamarlo.
Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó con su trabajo?
¿Se acabó la relación?

¿Ya no vive más en esa casa?

¿Debe irse de viaje?

¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente ‘revolcándose’ en los porqués, en devolver el cassete y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos.
A pasar la hoja.
A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado.
Ni siquiera preguntándonos por qué.
Lo que sucedió, sucedió.
Y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No.
¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa.
Papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar.
Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.
El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que “alguna vez se den cuenta de quién es usted”.
Suelte el resentimiento, el prender “su televisor” personal para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás.
Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de “regresar” (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo.
Ni usted será el mismo ni el entorno al que regresa será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada ni nadie es indispensable.
Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo “llegó” sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable.
Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero… cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte.
Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.


¡Esa es la vida!


HAY REGALOS QUE NO CONVIENE RECIBIR

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo. Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:
“-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.
El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:
-¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
-Por supuesto que no. Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.
-Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.
-No entiendo a qué se refiere. Dijo el alumno confundido.
-Muy sencillo -replicó el profesor -, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad. Muchacho -concluyó el profesor en tono gentil-, tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.”
Cada día en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que tú decidas cambiarlo.
Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.


” No digas a Dios que tienes un gran problema, di a tu problema que tienes un gran Dios “