https://eljardindelassreflexiones.blogspot.com/2020/05/prueba.html EL JARDIN DE LAS REFLEXIONES

lunes, 7 de julio de 2014

ILUMINA

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.

La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.



En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:

- Que haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves...

Entonces, el ciego le responde: - Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...

- No solo es importante la luz que me sirve a mi, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...

Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás...

Cómo?

A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento...


Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás!

EL ANILLO

"Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto.

¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?"

El maestro sin mirarlo, le dijo:

Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó:

Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

Encantado, maestro titubeó el joven, pero sintió que otra vez era
desvalorizado, y sus necesidades postergadas.

Bien asintió el maestro.
 
Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga
hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda.

Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes.

Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo
que pretendía por el anillo.
 
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

Cuanto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro, podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación. Maestro dijo lo siento, no pude conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

Qué importante lo que dijiste, joven amigo contestó sonriente el maestro.

Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregunta cuánto te da por él, pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas.
 
Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.

58 MONEDAS !!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó el joven

Si -replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.

Siéntate dijo el maestro después de escucharlo.

Tú eres como este anillo: una joya valiosa y única.

Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.

¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?



Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

PARA SER LLENO AI QUE VACIARSE


Hace mucho tiempo un hombre caminaba perdido en el desierto, cansado, con mucha sed y a punto de morir por la sed que llevaba.

De tanto caminar logro llegar a una vieja casa, que estaba totalmente abandonada

Entro a la misma y saludo, al ver que nadie le contestaba decidió entrar a ver si podía encontrar algo de beber adentro de la casa, busco y busco, al no encontrar nada decidió salir de la casa decepcionado. Mirando alrededor, vio una bomba de agua a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada.

El hombre corrió hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar. Bombeaba y bombeaba y no salía ni una gota de agua. Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella con un papel que decía: “Para que la bomba te de agua, primero la debes llenar con todo el agua que
está en esta botella ya que el mecanismo que la hace funcionar necesita de agua., y antes de irte Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.”

El hombre desesperado por tanta sed quito la tapa de la botella y pudo comprobar que si estaba llena de agua... Se puso muy feliz al ver esto, pero en seguida cayó en un dilema: Si bebía el agua podría sobrevivir unas horas más, pero si llenara la vieja bomba oxidada con esa agua, quizá podría obtener más agua fresca y fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona… pero tal vez no podría funcionar y terminaría perdiendo la poca agua que había encontrado Qué debería hacer el hombre? , Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida?

Debería el hombre confiar en unas simples palabras escritas por quien sabe quien, o tomar la decisión que en ese momento se planteaba como segura? El hombre después de pensar unos minutos decidió echar el agua en la bomba y empezó a bombear El hombre bombeaba y bombeaba……… y nada ocurría, casi desesperado y con lágrimas en sus ojos después de varios minutos pudo ver como empezaba a salir un poco de agua de la bomba El hombre contento lleno la botella con ese poco de agua que salía y al terminar de llenarla siguió bombeando hasta que salió un chorro de agua tan grande que no pudo aguantar más las lágrimas y su llanto de tristeza lo cambio por uno de alegría.



Después de saciarse con el agua, dejo la nota al lado de la botella llena de agua en la bomba y se fue contento buscando su hogar con nuevas energías La enseñanza de esta historia es muy simple, te puedes pasar Toda tu vida bombeando la solución a algún problema cuando con solo mirar a alrededor podrás tener una nota con la respuesta CRISTO ES TU SOLUCION.

RECETA PARA SER FELIZ

"Tome una gran cantidad de alegría y déjela hervir a fuego lento, sin parar.

Póngale un tazón colmado de bondad y en seguida agregue una medida completa de consideración hacia los demás.

Mezcle con estos ingredientes una cucharada de paz.

Sazone con la esencia de la caridad.

Mezcle todo perfectamente y en seguida, con todo cuidado, páselo por un colador para eliminar cualquier partícula de egoísmo.



Sírvalo con una salsa de amor".

DESDE HOY


 1.- Adoptar una disciplina basada en principios sanos y sujetarme a ellos por propia voluntad.

2.- Evitar dudas y preguntar si es necesario.

3.- Estudiar y leer todo aquéllo que pueda hacerme valer cada día más.

4.- Tolerar una represión justa y NO tratar de justificarme, sino aceptar mi error y corregirlo inmediatamente.

5.- No dar por terminada tarea o trabajo alguno, sin tener la certeza de que está correcto en todos sus detalles.

6.- Hacer siempre en mi trabajo lo mejor; considerando que quien no ha hecho lo mejor, ha hecho muy poco.
 
7.- Siempre buscar el modo de hacer HOY LO DE HOY y hacerlo mejor de como lo hice ayer.

8.- Ser amable, alegre y cordial en TODO MOMENTO, empeñándome en prestar ayuda a todo aquél que la necesite.

9.- Tener los mejores hábitos de limpieza personal, vestirme en forma apropiada y conservar en orden todos mis asuntos.

10.- Ahorrar cuando menos, el 10% de mi sueldo.


Con toda la lealtad, honradez y respeto que me merezco:

SI YO MURIERA HOY




Si yo muriera hoy
Daría gracias a la vida por haberme soportado:Mis enojos, mis miedos, mis frustraciones, mis desilusiones, mi soberbia, mi vanidad, mi orgullo, mi pereza, y muchos otros defectos que poseo.

Si yo muriera hoy, quisiera ver mi cuerpo tendido tal cual es, imperfecto, observando los detalles que nunca antes vi, mirarme por fuera y por dentro, cada fragmento mío que una vez fue tan ágil, verlo ahi inmóvil y pálido.

Si yo muriera hoy, quisiera poder trasladarme donde estan mis seres amados para brindarles consuelo y que sepan que conmigo siempre podrán contar donde quiera que me encuentre y que aunque ya no esté a su lado, mi esencia les dejaré para que me recuerden siempre.

Si yo muriera hoy, me arrepentiría de no haberme arrepentido, de no haber logrado mis sueños de adolescente, de no haber luchado lo suficiente, de haber amado egoistamente, de no haber ayudado mas allá de lo que me pedían, de no haber perdonado sinceramente.

Si yo muriera hoy, revisaría cada segundo de mi vida, aquellos en los cuales me creía superior y en los que se hizo debil mi corazón, meditaría en los por qués: el por qué de la existencia, el por qué nacer para morir, el por qué no hice, el por qué callé, el por qué me detuve, el por qué fallé…

Si yo muriera hoy, me apresuraría a tomar la mano de quienes amo y les diría lo importante que son para mi, escribiría a aquellos que hace mucho no saludo, porque mi tiempo se redujo a mi mundo, donde solamente existía yo.

Visitaría enfermos, presos, gente con dolor, intentaría brindar en cada minuto un poco de mi interior, para dejar esas huellas en los demás, que les enseñe a no cometer los mismos errores.

Pero… Que digo?

¿Qué hago hablando de lo que haría si muriera hoy?

Si aun tengo sangre en mis venas, si mi corazon late como nunca! Si respiro, me muevo, vivo! ¿Porque no hacer todo esto ahora?

Puedo cambiar mis defectos por cualidades! Transformar mi forma de ver la vida, porque no observar mi cuerpo con detalle, aceptándome como soy?

Dando gracias a Dios principalmente porque El fue el que lo formó?

Por qué no decirles a los que amo, cuánto los quiero en este momento?

Que sepan lo especial que son en mi vida y pueden contar conmigo siempre?

Por qué no escribir a mis amigos palabras de aliento ahora que estoy con vida?

Por qué no ir en busca de esos sueños que han madurado un poco, pero que pueden ser posibles?

Por qué no amar sin limites, sin imponer mis sentimientos? Por qué no perdonar con el alma, si el perdón me libera? Por qué no hacer un analisis de mi vida hoy? Encontrar esos por qués que necesito conocer?

Ver mi vida en forma de que pueda arrepentirme hoy. De lo que hice ayer y no guardar ese arrepentimiento para arrepentirme luego de no haberlo hecho?

Por qué no comenzar en este instante a visitar a aquellos menos afortunados que viven presos de su enfermedad?

Por qué no brindarle una palabra de aliento a aquellos que no pueden gozar de su libertad?

Por qué no extender mis manos para dar?

Puedo hacerlo ahora! Aun no he muerto!

AMAR LA VIDA


Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph.

Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro.

"¿Dónde aprendió a comportarse así?", le preguntó el profesor. "En la guerra", - contestó Ralph. entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura.

"Me acostumbré a vivir paso a paso" - explicó. "Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida".
Autor desconocido



"Nadie puede saber lo que sucederá mañana. Qué triste sería el mundo si lo supiéramos. Toda la emoción de vivir se perdería, nuestra vida  sería como una película que ya vimos. Ninguna sorpresa, ninguna emoción. Siento que lo que se requiere es ver la vida como lo que es: una gran aventura."